Cada vez que pretendemos crear algo
desde la emoción
surgen los castigadores emocionales
de riguroso pensamiento
descalificando
todo arte y todo diseño
basados en estados de ánimo o en experiencias
así, algunos designers proclaman que tienen ellos
un método ingenieril o tecnológico infalible
único, como lo era el partido comunista durante el estalinismo,
y ciertos artistas operan desde una
construcción política o estética
(mientras que por las bolas y el ano les supura un discurso farragoso
que ni ellos mismos soportan)
y entretanto desde los flancos, por abajo,
por aire, mar y tierra
somos devorados vivos por las pasiones desordenadas
el mundo se hace y se deshace cada día
a golpe de emoción de mall, tv, supermercado y web
todo es risa, odio, fiereza, burla, glamour, guerra, drama o romance
blogs porno, modelos intersexuales, catástrofes aterradoras,
eventos inolvidables, ropa hipererótica, bebidas fosforescentes
ojos de pantera, piel de melocotón, faranduleros bronceados,
automóviles arrolladores, dibujos animados tiernos y llorosos,
envases líricos, animaciones monstruosas,
hay un show en desarrollo,
una industria de las emociones
fría o caliente, no lo sabemos,
un secuestro mundial del corazón
hemos perdido la capacidad de distinguir entre las pantallas y la materia
los contornos se han difuminado
los fragmentos son mucho más que el total
estamos en la anunciada sociedad del espectáculo
un viaje ha dejado de ser un transcurso: es una experiencia
una marca es más que un logo: pretende ser un estilo de vida
o incluso un sistema de valores
votamos no por ideas, sino por sonrisas
entremos, pues, en la nube de emociones
ya estamos allí,
pero si quieren emociones, que las tengan,
las naturales, las que nos nutren desde dentro
aunque no sean las que se supone nos corresponden
movámosnos desde la experiencia integral de cada cosa
dejemos fluir nuestros sentimientos
contradictorios, resplandecientes, apocados, intermitentes
encontremos el ritmo natural
instalemos nuestra pequeña verdad
en las nieblas de la emoción,
despleguemos calladamente nuestro propio yo
dentro del río profundo de lo que estamos sintiendo
más allá de cualquier edificio de ideas
resignémonos a ejercer el oficio creativo
sumidos en una realidad
jamás idéntica a sí misma
en movimiento perpetuo
que sólo podemos entender
desde las llamas del corazón
desde las lágrimas del goce
desde el gris de
una tarde
sin nada que hacer
mirando sin mirar
una calle
vacía