pudor niños

A la entrada de mi expo FEROCITAS en el MUSEO NACIONAL DE BELLAS ARTES las autoridades del recinto han colocado dos letreros, uno a la derecha y otro a la izquierda. El de la izquierda, con la leyenda “AL PÚBLICO” advierte algo sobre los cuerpos y el pudor, supongo que acusándome de impúdico. El segundo cartelito, más logrado tipográficamente aunque no del todo y con el título ADVERTENCIA, recomienda a los menores de edad ingresar acompañados de sus padres. Cada vez que entro a la sala siento una sensación opresiva. Esta sensación comenzó cuando el Director MI me llamó a su despacho por primera vez (fueron varias) ya que había advertido la presencia de algunas acuarelas donde se representaban penes en estado de erección. No hablamos con el Director MI de la técnica empleada, o de los temas del subconsciente evocados en mi indagación visual, sino sobre las noches de insomnio de él, pensando en los niños de Chile. Me hizo ver que podría haber personas o grupos que no estuvieran de acuerdo. Le comenté que afortunadamente en una república no todos están de acuerdo ni tienen por qué estarlo. Le hice ver que yo no exponía penes, sino acuarelas, y que en ellas había algunas representando sangre, otras  corazones, muchas manos o cabezas, y algunas de ellas penes… ya que se trata del cuerpo masculino. No me imagino mi propio cuerpo sin ese adminículo, no podría trazar mi propia historia física sin evocarlo. Le hice ver mi opinión, sin duda minoritaria, respecto a que el cuerpo humano de todos los varones (no sólo del mío) contiene un órgano eréctil y que a mi juicio la representación del cuerpo lo incluye entero, con todos sus  órganos internos y externos, así lo hacen por ejemplo en la medicina. Pero la secta a la que parece pertenecer el director es de la opinión contraria, y el Museo, institución republicana, obedece hoy no a los hechos científicos ni a la cultura visual global, sino a la fantasía local de que el falo no existe y que su representación ha de ser reprimida. Sabiendo que MI es profesor de estética con rango universitario, apelé a datos duros: el Museo de Nápoles expone la colección de arte romano de Pompeya y Herculano donde abunda la representación fálica. A lo que MI me respondió que esa era “una excepción”, algo que ocurre en Europa. Le hice saber que en la inauguración del Centro Cultural Palacio de la Moneda, en nuestro país, con presencia de ministros, diplomáticos, y hasta el Presidente y la Primera Dama, se había expuesto una sólida colección de piezas precolombinas donde había unas diez veces más falos erectos representados que en mi modesta muestra postcolombina. MI me comentó que en esos tiempos la sexualidad era muy diferente a la de hoy en día. Le pregunté si él había estado allí, en el México precolombino, pero no entendí bien su respuesta. Respecto a la necesidad de quitar piezas de mi muestra, convinimos caballerosamente (para denominar de alguna manera a ese pacto) en una cantidad de cinco, finalmente rebajada a tres, aunque al día siguiente del acuerdo me presionó para quitar más, y dos días después de nuevo, a lo que me he ido resistiendo. Ante mi amenaza de no hacer la expo, surgió el arreglo final de poner cartelitos para alejar a los menores, lo que desde mi perpectiva es un asunto de ellos, porque los carteles están fuera de la sala… igual es desagradable…. Pero el propio Director MI, en una escena para mí humillante, se paseaba -durante el montaje- por la sala con los cuadros en el suelo, señalando algunos con su dedo admonitorio, apartándolos en un montoncito para después negociar conmigo. Mi criterio, muy opuesto a estas inquisiciones tipo Stasi o Francisco Franco, es el de que la muestra había sido vista meses antes por personal del Museo en mi estudio, y que el responsable de la misma es siempre el autor, no el funcionario a cargo de gestionar el Museo. Se trata, por lo demás, de una muestra más psicológica que realista, más freudiana que internética, concebida en un talante de intimidad, con una técnica amable y en formatos pequeños. Creo que en este caso se está dando un abuso de poder por parte del Director MI, una confusión de roles (él no es un obispo), un secuestro de la libertad de expresión, una antigüedad obsolescente, una lesión de las funciones estéticas o expresivas que son propias del arte, y esto es muy latoso, desagradable. Y yo de huésped. Uffff.