Medusa-von-Stuck-L

Todo proyecto creativo va tomando forma en medio de la indiferencia general. Inicialmente el panorama es incierto, vago y desdibujado, nadie cree mucho en nada. De a poco se va uno afanando, las tareas se suceden, faltan los recursos, empieza uno a tropezar, se acaba el tiempo, surgen los desacuerdos y aparece el sudor en los sobacos y en la espalda. A nadie le importa mucho. Y es que a uno tampoco le importan demasiado las pellejerías de los demás. Qué más da. Si todo sale bien hay un peak de éxito momentáneo, felicitaciones, alivio, incluso alegría, una popularidad fugaz donde no alcanzamos a aprovechar bien nada en medio del mareo. Tras la noche inaugural viene el bajón del día después. Los que te abrazaban han desaparecido y es lógico, tienen sus propios asuntos y no se van a quedar abrazados para siempre, sería incómodo. La vida parece una sala de fiestas después de la fiesta, todo vacío y penumbroso, el suelo sucio, olor a encierro… Hay que seguir con la vida cotidiana, los pequeños detalles, las llamadas perdidas, usted será transferido a un buzón de mensajes. El equilibrio suele recobrarse de a poco, más tarde, cuando ya nada es igual a lo que era antes.