
maldiciones: cuando recibo un encargo (una ilustración, una portada, un artículo, una clase) asumo que quieren algo artístico, y trato de darles eso, o sea que doy vuelta el encargo como un calcetín y trato de poner allí dentro algo de mi alma, en el estado que ella esté; pero a algunos, a muchos, esta actitud tan artística les parece ofensiva, petulante, y mi presunta genialidad queda como un desatino… ¿Por qué no limitarme a proveer lo solicitado sin entrar en tanto enredo? ____ por el contrario, si debo llevar una obra a un recinto considerado artístico, procuro no perder el sentido común, resistiéndome un poco a los formatos uniformes de museos y galerías (neones, cosas en el suelo, mucho blanco, algún grado de incomprensibilidad asociado a algo ya visto en revistas o sitios web modernos, etc.)… y salgo con algún invento no clasificable, y es así que fácilmente me consideran poco artístico, nada genial, o sea apenas un diseñador, un ilustrador, un publicista, alguien relacionado con oficios y comercios, que debe ser expulsado del templo de las estéticas puras.

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