hoy, por mí mismo, en la sección de deportes (primera vez) de LUN _____ No sé de quien pueda ser la culpa de mi absoluta inercia anímica respecto del fútbol: trato de concentrarme pero se me confunden los jugadores, los equipos, las pelotas, los árbitros, los entrenadores y los comentaristas, y eso me hace sentirme vagamente en deuda. ¿Seré poco macho? ¿Me faltará un tercer testículo?
.
Es así que el sábado pasado en la tarde salí desde mi casa rumbo al estudio donde trabajo para retocar unas acuarelas y me encontré con la avenida Irarrázaval del todo vacía, como en una película de miedo. Yo avanzaba hacia el centro como un bólido en mi jeep, devorando asfalto, por unos parajes donde habitualmente es preciso hacerle dribling, creo que se llama así, a las micros, a los peatones, a los autos, y tan rara era la sensación que llamé a mi mujer. Ella me tranquilizó diciendo que era el partido de Chile por la clasificación. Claro, antes de participar hay que clasificar, y en eso estaba el equipo chileno en Colombia, con todo el país pegado a un televisor menos yo y algunos otros periféricos.
.
Después de un par de horas regresé a casa, pero tal como bajando al centro aquello era una autopista, la vuelta fue como subir el Everest. Al salir al Parque Forestal unos carabineros muy satisfechos me obligaron a girar en banda, y es que la ciudad recién vacía se había llenado de banderas, de grupos felices, de multitudes, aquello era un carnaval patriótico deportivo.
.
Puse la radio para enterarme, y es que la alegría general me gusta. Pude escuchar al célebre Bielsa. Su voz gruesa, arrastrada, con frases de filósofo y entonación de profesor me pareció simpática. Además, un argentino dándole el triunfo a Chile era todo un desafío a los prejuicios que nos empapan. Bielsa hacía mucho hincapié no sólo en los jugadores que habían estado en el triunfo, sino también en los ausentes, y sus palabras me interpretaron. Yo había sido hasta ese instante un ausente del partido, de los demás partidos, un ausente de la dura lucha por clasificar, un ausente de todo, en verdad, pero me sentí convocado por Bielsa y por esa juventud entusiasta, por los bocinazos, los colores y la voz emocionada de los periodistas. Estaba para ese entonces trabado ante Vicuña Mackenna. Y es que Plaza Italia es territorio natural de los festejos de este tipo, me parece entender, y el remoloneo del tráfico siguió hasta Salvador, más o menos.
.
Llegué a casa convertido en un hincha de la Roja, que no sé bien qué es, a cargo de ese señor Bielsa, al que ubico apenas, sintiéndome agradecido de este país del cual formo parte, lo juro, les puedo mostrar el carnet de identidad.

Posts